jueves, 8 de febrero de 2007

RECUERDOS DE INFANCIA


Jueves, 8 Febrero, 2007
Esta mañana me he levantado melancólico y, sin motivos aparentes, me he transportado a aquellas tardes de mi niñez, en las que devoraba mi bocadillo de sobrasada frente al televisor mientras contemplaba absorto las aventuras de aquellos dos entrañables personajes.
Epi y Blas.
Me he dado un paseo por internet y en la Wikipedia he encontrado datos sobre estos dos peculiares personajes que me han soprendido.
Dice la Wikipedia, entre otras cosas:
“El personaje de Epi interpretando un papel infantil y travieso y el de Blas el de un adulto responsable aunque gruñón y aparentemente aburrido. Son comunes las escenas en las que a Epi se le ocurre alguna idea disparatada y Blas intenta convencerlo de que la abandone, normalmente con poco éxito, por lo que acaba perdiendo los estribos o llega incluso hasta a desmayarse, mientras que Epi permanece ajeno a lo que está sucediendo.
Epi y Blas han sido víctimas de varios falsos rumores durante años en los Estados Unidos. Se llegaron a recibir muchas protestas por su supuesta homosexualidad y hubo quienes pidieron la censura del programa por immoralidad, hasta el punto en que los creadores del programa tuvieron que negar públicamente los rumores de que las marionetas tuvieran ningún rol sexual o que Blas fuese a morir de una enfermedad terminal.”
Desde luego, hay que ver las cosas que dice la gente sobre estas dos marionetas.
Yo, de pequeño, nunca supe distinguir quién era cada cual y siempre me liaba.
Porque, para mí, siempre fue evidente que Epi tenía más cara de llamarse Blas y Blas más cara de llamarse…
¿Cómo se llama ese tipo, hombre?
Con ese pelo tan peculiar…con esa cara tan amarilla…
Bueno, no caigo ahora.
Pero lo cierto es que siempre pensé que Epi tenía más cara de llamarse Blas.
Con esa cara de bobo integral, así regordete, con esa ridícula forma de hablar como si siempre estuviera fumao, con esa rara habilidad, propia de las marionetas estúpidas entre las estúpidas, para decir cuatro palabras y que de las cuatro, tres fueran imbecilidades absolutas.
Vaya personaje.
Le pegaba más llamarse Blas, pensaba yo.
Cosas de niños.
Y vaya tela que no caigo ahora a quién me recuerda el del poco pelo así extrañamente colocado como hacia arriba y la cara tan amarillenta…

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